viernes, 23 de octubre de 2009

ETANOL PERDE IMPULSO NA VENEZUELA

Cruzada del etanol pierde impulso entre dudas y vaivenes políticos
Brasil insiste en buscar clientes y capitales para su combustible de caña de azúcar, mientras expertos desestiman sus bondades ecológicas y Venezuela da un sorprendente giro al clausurar, antes de comenzar, su agresiva estrategia de producción
Erika Hidalgo López
U n país que importó 7.500 millones de dólares en alimentos y que, a duras penas, logró exportar 150 millones en productos agrícolas, al cierre del año pasado, no puede darse el lujo de destinar miles de hectáreas a la producción de materia prima para fabricar etanol. Con este argumento, el profesor del Instituto de Estudios Superiores de Administración (Iesa) y especialista en materia agrícola, Carlos Machado Allison, despacha el tema del supuesto potencial que tiene la producción de este combustible, básicamente derivado de la caña de azúcar y el maíz, como energía alternativa al creciente uso de los combustibles fósiles en Venezuela. El experto apunta, además, dos elementos estructurales que atentan contra el desarrollo masivo del etanol como combustible alternativo. En primer lugar, no disminuye sensiblemente las emisiones de monóxido de carbono y, en segundo término, su factibilidad económica está en severo cuestionamiento. Para el especialista en temas energéticos, Fernando Branger, el etanol forma parte de un conjunto extenso de "energías alternativas". A su juicio, en el futuro no habrá un combustible dominante, como lo es hoy el petróleo y sus derivados, sino que funcionarán una diversidad de fuentes, las cuales tendrán mayor o menor importancia, dependiendo de la competitividad que tengan en cada país. De hecho, Estados Unidos y China, que cuentan con las mayores reservas de carbón del mundo, están desarrollando programas que incentiven el uso de este combustible, que muchos creían desechado por su alto poder contaminante. Branger sostiene que "ahora en Estados Unidos se están usando plantas de energía que utilizan carbón, pero con diferentes procesos tecnológicos, que pueden ser menos contaminantes". Según él, se trata de una revolución sustancial, aunque a los más ecologistas no les guste: "Pero hay que seguir sirviendo energía a los países. China y Estados Unidos están trabajando fuertemente por obtener nuevas fuentes de energía, a través del carbón, de una manera más ecológica". Volviendo al tema del etanol, Branger reconoce que para producir este combustible, que básicamente es un alcohol que muchos consideran el mejor sustituto de la gasolina; en condiciones de oferta suficientes para satisfacer una eventual demanda similar a la de los hidrocarburos, se tendría que destinar "toda la superficie cultivada de Estados Unidos", por lo que se alinea con los críticos que cuestionan este modelo, pues disminuye la frontera agrícola de los países. "Existe un problema de sustentabilidad en este modelo de etanol, pero estamos viendo el inicio de una nueva etapa, que consiste en producir este combustible a partir de algas y otros elementos que no compiten con la producción alimentaria", admite Branger. De hecho, cuenta el especialista que Exxon compró una empresa que manufactura etanol a partir de algas, y que se está hablando, con mucha insistencia, de una nueva generación a partir de la celulosa de los productos vegetales. "Estos son subproductos, como pedazos de madera. Estamos ante una segunda generación del etanol y parece que por ahí va la cosa". La fiebre del etanol La fiebre del etanol en América Latina la desató el presidente Luis Inacio "Lula" Da Silva, quien decidió potenciar esta fuente energética que tiene una tradición de 30 años como una de las opciones más importantes en el patrón energético del país vecino. Como respuesta a la crisis del petróleo, en 1973, derivada del embargo petrolero de Libia y otros países árabes, en protesta por el respaldo de Occidente al estado de Israel, Brasil, que en ese momento era un importante consumidor de hidrocarburos, decidió emprender su propio camino, impulsando la producción de alcohol etílico como fuente de energía para mover su parque automotor y su aparato productivo. Fuertes subsidios impulsaron la siembra de caña de azúcar, mientras que las ensambladoras automotrices, presentes en Brasil, se lanzaron al desarrollo de motores que pudieran funcionar con etanol, o fuesen híbridos con la gasolina. En 1978, Fiat produjo el primer modelo que usó exclusivamente etanol como combustible. Se llamó el Fiat 147. Desde entonces, Brasil ha mantenido un elevado nivel de competitividad internacional en la producción de etanol, junto con Estados Unidos, al punto de que ambos países dominan 90% del mercado mundial. El gigante del norte se lleva 51,9% de la producción mundial, mientras que Brasil aporta 37,3%. La Unión Europea, China, Canadá, Tailandia, Colombia, India y Australia, representan el restante 10%. Para el presidente "Lula" Da Silva, este biocombustible es una de las grandes fortalezas de Brasil, y está haciendo todos los esfuerzos diplomáticos a su alcance para conseguir ventajas comerciales, en virtud del discutido carácter ecológico del etanol. El gigante suramericano, primer exportador de este biocombustible, necesita exportar más de 30% de su producción de etanol, que suma los 25.000 millones de litros por año. Por ello, su Gobierno se ha lanzado a buscar en mercados diversos, como China, Japón, Estados Unidos y los países de la Unión Europea, no sólo clientes para su polémico producto, sino también capitales para ampliar su capacidad de producción, a partir de la caña de azúcar.